miércoles, 11 de febrero de 2009

PEHUAJO PROYECTO SUR FORO DE PENSAMIENTO Y CONSTRUCCIÓN SOCIAL

Estimada/o compañera/o
El Foro de Pensamiento y Construcción Social, es un espacio colectivo desarrollado a partir de la iniciativa de nuestro compañero y amigo Adolfo Pérez Esquivel. Como su nombre lo indica, es propósito del Foro reflexionar sobre nuestra realidad, los problemas de la nación y la comunidad con la intención de aportar -no sólo desde la reflexión, sino también desde la praxis-, a la construcción de un verdadero estado de justicia social, en un momento en que se abre ante América Latina una oportunidad histórica, en tanto cuenta con recursos humanos y materiales necesarios para promover una integración continental autónoma, sustentada en políticas de incorporación de los sectores empobrecidos o excluidos y un decidido respeto ambiental.
En la intención de delinear lo más nítidamente posible la orientación del espacio, hemos elaborado el documento adjunto, que habrá de tomar estado público a través de la prensa, el próximo 12 de noviembre y que, inicialmente, hemos subscrito los allí mencionados.
Tal como lo estamos realizando con otros amigos y compañeros, esta nota es para invitarte a acompañar el propósito que nos anima. La idea es reunir en pos de los principios e ideales enunciados, un importante número de referentes provenientes del ámbito académico, la cultura, los derechos humanos, expresiones religiosas y las organizaciones sociales de reconocida trayectoria, compromiso y coherencia, representativos de toda la geografía del país.
Aguardando poder contar con tu aporte, te saluda afectuosamente en nombre de todos los compañeros del espacio
Luis Brunati
PD: Lo colectivo, siempre más valioso y fuerte, pero también más complejo y delicado, exige consideraciones especiales. Esta invitación, como todas las que se están cursando, es de carácter personal.
Rogamos remitir adhesión con pequeña referencia (del tipo que se incluye en listado de miembros fundadores del espacio), antes del 9-11-08.
La presentación del documento se llevará a cabo el 12-11-08 en el salón “Bambalinas”, Chacabuco 955, Capital Federal, a las 15 hs.

LISTA INICIAL DE AHERENTES


Adela María Helguera
Religiosa


Adolfo Pérez Esquivel
Premio Nóbel de la Paz

Adriana Barbieri
Religiosa. Secretaria de Confar

Alcira Argumedo
Socióloga - Investigadora Conicet

Carlos Juliá
Coordinador del Grito de los Excluidos

Carlos Calgaro
Sacerdote Claretiano (Chascomús)

Carlos Saracini
Sacerdote Pasionista - Párroco iglesia Sta. Cruz

Daniel Echeverría
Religioso – Secretario Adjunto Confar

Diego Boris
Músico – Fundador de la UMI (Unión de músicos argentinos)

Fernando Guzman
Coordinador laico de Justicia, Paz e Integridad de la Creación – Misioneros Claretianos.

Fernando Pino Solanas
Cineasta – Presidente del MOERENO – Ex diputado nacional

Jesús Olmedo
Sacerdote (de la Quiaca)

Joaquín Piña
Obispo Emérito de Iguazú

Jorge Torreiro
Area Política (Iglesia Sta. Cruz)


Juan Carlos Dimarco
Movimiento Social Misionero

Juan E Ricci
Docente – Ex Presidente del INAES

Juan Yahdjian
Médico – Coordinador laico a nivel panamericano de Justicia, Paz e Integridad de la Creación Miembro del Movimiento Social Misiones y del MOSIP.

Julio C Raffo
Abogado – Docente UBA – Asesor de la comisión de cultura del Congreso Nacional.

Leonardo Pérez Esquivel
Sociólogo

Liliana Marzano
Religiosa – Presidenta de la Conferencia Argentina de Religiosas y Religiosos.

Luis Brunati
Docente – EX Diputado Nacional – Ex Ministro de Gobierno de Bs. As.

Martha Pelloni
Religiosa - Presidenta Honoraria de La Red Nacional Alto al Tráfico, la Trata y la Explotación Sexual Comercial de Niños-Niñas y Adolescentes (RATT). Presidente –Mesa Directiva- de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (A.P.D.H.). Presidenta de la Casa de Derechos Humanos de Curuzú Cuatiá.

Mirta Baravalle
Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora

Nora Cortiñas
Madre de Plaza de Mayo Linea Fundadora

Pedro Olmedo
Obispo de la Prelatura de Humahuaca

Rafael Atuati
Miembro de Comisión de Justicia, Paz e Integridad de la Creación – Misionero Claretiano





FORO DE
PENSAMIENTO Y CONSTRUCCIÓN SOCIAL



Introducción

Constituidos como colectivo de pensamiento, propuesta y construcción, a partir de la convocatoria del premio Nóbel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, los abajo firmantes, damos a conocer este documento que tiene como eje fundamental la defensa de los intereses de la Nación para la construcción de un auténtico estado de justicia social.

En defensa de la vida amenazada de nuestra gente y la vigencia de los derechos humanos integralmente concebidos. En oposición al modelo neoliberal, que privilegia la economía convirtiendo al ser humano, y en especial a los más débiles, en variable de ajuste. Reclamando por la vigencia de una verdadera democracia, que no será del todo posible sin la eliminación de la miseria y la pobreza a partir de políticas públicas democráticas, distributivas, consistentes y eficaces. Democracia que debe ser nutrida de ciudadanos libres, con posibilidades de participación plena, en un marco de equidad, transparencia y libertad, alejada de las formas clientelares, los eufemismos o la participación simbólica.

El documento que sigue, producto de la aplicación más efectiva que nos fue posible de una metodología participativa, no representa un punto de arribo sino simplemente la indispensable puesta en común para la ampliación y profundización del debate y la participación. Sintetizamos aquí, simplemente, los trazos gruesos de un proyecto popular en construcción. Una forma de imaginarnos e imaginar nuestro aporte concreto y desarrollar el protagonismo.


Caracterización de la etapa

Las dramáticas secuelas producidas por la dictadura militar y las estrategias neoliberales de los años ochenta y noventa, continúan aún hoy afectando duramente a la sociedad argentina y en especial a las mayorías sociales empobrecidas.

La distorsión de la actividad política y el vaciamiento de la democracia, derivados de las reiteradas traiciones a los mandatos populares, el doble discurso, la hipocresía, el saqueo del patrimonio público, la degradación institucional, la corrupción y la impunidad en el ámbito de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, así como en las fuerzas de seguridad y entre los grupos económico-financieros locales o externos, han alimentado en Argentina una cultura de la derrota y la resignación. Conformarse con poco y hasta valorizar lo inexistente, parecen ser las líneas centrales del pensamiento actual. Esta cultura se revela en la desconfianza, el escepticismo, la declinante participación ciudadana; y tiende a reforzar el individualismo o las actitudes de optar por el mal menor, por considerar que no es posible construir un futuro superador.

La persistente hegemonía del modelo neoliberal, que lleva ya varias décadas no se ha expresado solamente a través de una política económico-social, sino también, en una concepción del mundo. Una propuesta cultural basada en el egoísmo individualista, en la búsqueda del lucro como objetivo supremo, en la competencia sin reglas, en el consumismo y la exhibición obscena de riquezas, en la carencia total de un sentido solidario y en el desprecio hacia los más postergados, definiendo como “inviables” a seres humanos y a regiones enteras, por su supuesta incapacidad para incorporarse a la lógica del mercado o sea, al único camino posible hacia el “progreso”.

La condición esencial para concebir un proyecto de país justo y soberano es la recuperación de una ética sustentada en valores de solidaridad, cooperación, honestidad personal y honradez política. Con profundo respeto hacia la dignidad y los derechos de todos y cada uno de nuestros hermanos, como parte integrante de la naturaleza, rechazando discriminaciones sociales, étnico-culturales o religiosas. Aceptando discernir cuáles son aquellos valores que se constituyen en el sustento de la búsqueda conjunta del bien común; y aceptando la diferencia como base de la igualdad y no como razón de desprecio. En última instancia, esos valores, productos de la construcción social en la que cada uno/a aporta lo mejor de sí, sin renunciar a su individualidad y a sus opciones personales, son los que deben guiar las decisiones políticas y las metas materiales. Es por ello que el reto principal es poner en juego los valores de un modo constructivo, abierto e inclusivo en un proceso que se libra en la mente, en nuestro imaginario.

El mundo entero atraviesa un cambio de época histórico, que impone opciones de carácter civilizatorio ante las transformaciones científico-técnicas y la consolidación de un mundo policéntrico, donde se están conformando bloques político-económicos de alcance continental. En ese contexto, la crisis de Estados Unidos como única potencia económica y militar -con su gigantesca industria bélica de una capacidad destructiva sin precedentes- se traduce en una agresividad unilateral de alta peligrosidad, sumada a la irresponsable depredación del ambiente, a la cual aportan también las nuevas potencias emergentes como China o India. El recalentamiento global, la contaminación de las aguas, el aire y la tierra, la destrucción de bosques naturales y la manipulación genética al margen de toda razón ética, son algunas de las acciones que ponen en riesgo la existencia misma del planeta.

La polarización de la riqueza a nivel mundial, donde el 20% más rico de la población concentra el 87% de los ingresos, junto al sistemático saqueo de las regiones periféricas a través de distintas modalidades -bienes naturales estratégicos, privatización del patrimonio público, expoliación de mano de obra barata, libertad de acción a las corporaciones, especulación financiera, endeudamiento- y a la reconversión tecnológica salvaje en las más diversas áreas de actividad, mediante la utilización de tecnologías que ahorran tiempo de trabajo humano, está gestando una inmensa masa de población sobrante calculada hoy en 2.000 millones de personas. Son ellos los “excluidos sin retorno” dentro de la actual lógica de acumulación de capital y de la pugna económica entre las potencias centrales.

Condenados a la indigencia y las hambrunas, grandes masas dejan sus tierras y se vuelcan a los centros urbanos en la búsqueda de ocupaciones de subsistencia, convirtiéndose en inmigrantes ilegales. Son los considerados nuevos bárbaros, desesperados que acosan las fronteras de Estados Unidos y los países centrales, mientras la acción de los medios masivos de comunicación en la periferia, llena las pantallas de Cine y TV con imágenes diseñadas por las grandes corporaciones, que tienen a la juventud como principal destinatario de sus mensajes, reiterando que el mundo no puede ser cambiado. Así las cosas, gozar, sufrir o violar se presentan como las únicas alternativas posibles. Habrán de gozar de los beneficios de una vida plena quienes acepten las reglas de juego de la competencia individualista y dispongan de más herramientas para desenvolverse en el mundo que viene. Deberían resignarse a perder quienes no dispongan o no estén dispuestos a aplicar esos métodos y hará crecer la violencia, la no aceptación de un destino de frustraciones e incremento de la brecha social.

Estos síntomas, graves cada uno en si mismo, adquieren vistos en conjunto, una significación conmovedora y hacen presumir un desenlace de temer. El estallido de la crisis financiera en Wall Street y las consecuencias de alcance internacional, evidencian la extrema intensidad de un sismo económico que no es otra cosa que el correlato financiero del sometimiento humano y ambiental de continentes enteros. La hegemonía neoliberal amenaza con derrumbarse. Se trata de una profunda crisis de sobreproducción derivada de la irracional polarización de la riqueza y de la magnitud de “población sobrante” en la perspectiva de ese modelo. Al mismo tiempo, el supuesto dominio norteamericano incuestionable, transparenta enormes fisuras y se desplaza hacia un esquema de equilibrio multipolar.

En el nuevo escenario, se están conformando bloques político-económicos de dimensión continental -el polo asiático, Rusia, la Unión Europea, entre otros- demostrando que no hay naciones viables a mediano y largo plazo, sobre la base de un accionar aislado. En este contexto, América Latina enfrenta una oportunidad histórica, en tanto cuenta con recursos para promover una integración continental autónoma, sustentada en políticas de incorporación del conjunto de sus sectores sociales empobrecidos o excluidos a condiciones dignas de bienestar y equilibrio ambiental.

Es indudable también, que para alivianar las consecuencias de la crisis, los Estados Unidos de Norte América intentarán succionar recursos, de cuanta vena expuesta se perciba en el planeta.

Para el caso argentino, no cabe duda sobre lo que hubieran realizado las gestiones anteriores a los grandes movimientos populares de 2001. El actual gobierno tiene ante sí la posibilidad trascendente de asumir un rol protagónico, aliado a nuestros hermanos Latinoamericanos. No hay lugar para medias tintas.


Argentina puede

La crisis, con epicentro en Wall Street y consecuencias de alcance aún impredecibles por lo devastadoras, continúa en expansión. Es obvio que como siempre ha sucedido, una vez más se intente exportarla a la periferia y sería función natural del gobierno nacional, evitar que eso suceda. Convencidos de las gravísimas consecuencias para nuestro pueblo y en especial para los sectores más postergados de nuestra sociedad, este Foro y el conjunto de ciudadanas y ciudadanos firmantes, asumen la necesidad de trabajar intensa y responsablemente para impedir que una vez más, aquello suceda.

Hoy más que nunca, en coincidencia con lo planteado por el Foro Social Mundial, creemos que otro camino es posible. En los albores del siglo XXI se perciben claros signos de deterioro de la hegemonía neoliberal, ante la contundente realidad de sus catastróficos resultados. Con rasgos y tiempos propios en cada país, renacen en nuestro continente movimientos políticos y sociales que reivindican valores solidarios acallados durante décadas.

En Venezuela, Ecuador, Bolivia y Paraguay, se imponen gobiernos de corte popular, dispuestos a revertir en profundidad las políticas neoliberales. Con una orientación más moderada, en Brasil y Uruguay las respectivas elecciones del Partido de los Trabajadores o del Frente Amplio dan cuenta de un avance de la conciencia social mayoritaria. En México se hizo necesario un escandaloso fraude electoral para garantizar la continuidad de la subordinación a Estados Unidos.

En Argentina, las movilizaciones del 2001 y 2002 -esa primera gran victoria contra el neoliberalismo- mostraron el repudio hacia la continuidad del modelo productivo. Sin embargo, la propia intensidad de la protesta y la ausencia de una corriente en condiciones de proveer cauce político posibilitó que fuera la misma dirigencia comprometida con el saqueo del patrimonio publico, la apropiadora del cambio. Ya no habría el lugar de antes para las políticas de entrega, pero la dirigencia sì, seguiría siendo la misma.

En otros países de Indo América, el rechazo del modelo neoliberal fue acompañado por una interesante resistencia de los pueblos originarios y sectores campesinos en demanda de sus derechos y del reconocimiento de la dignidad de sus identidades étnico-culturales: los Zapatistas en México, el Pachakuti en Ecuador, los Collas, Aimaras y Guaraníes en Bolivia, la Confederación Mapuche y las federaciones campesinas en nuestro país o el Movimiento Sem Terra en Brasil, son algunas de estas manifestaciones.

En ese marco, adquiere especial relevancia el proyecto emancipador del presidente Evo Morales, ratificado recientemente por casi el 70% del electorado boliviano y justifica los ataques en su contra impulsados por el gran capital del norte y operado por sus agentes locales. Así es que sin dejar de valorar las innumerables muestras de solidaridad y respaldo a la integridad y las instituciones de la nación hermana, resulta evidente que corresponde al conjunto de las naciones de América Latina, una responsabilidad adicional en orden a la estabilidad y viabilidad de la región: el desarrollo de un proyecto político, económico y social claramente orientado en la misma dirección. Al intento de dividir para reinar, se debe anteponer la idea de unir para conducir la nueva gesta emancipadora de Nuestra América.

En el contexto del nuevo escenario político, social y cultural de América Latina, Argentina tiene un valioso papel que cumplir. Tenemos el potencial humano y los recursos materiales necesarios para alcanzar un país sustentable e igualitario -garantizando trabajo y bienestar para todos- y aportar al proceso de integración continental autónoma, única alternativa de viabilidad histórica de nuestras naciones. En función de estos objetivos, es preciso desarticular los pilares aún incólumes del modelo neoliberal que impiden una efectiva redistribución de la riqueza. Junto a otros aspectos, representa un escándalo moral que, produciendo alimentos para casi trescientos millones de personas, el hambre y la desnutrición afecten a una importante proporción de nuestro pueblo, mientras no pocos mueren por enfermedades curables debido al deterioro del sistema de salud. Más de 4 de cada 10 chicos de 0 a 17 años, no pueden acceder a una adecuada alimentación. Tres generaciones de chicos vienen sufriendo la desocupación y la marginalidad y quedaron fuera de la red social (alimentación, salud, educación). Además de que casi 4.000.000 de personas no tienen acceso a la vivienda en nuestro país.

La degradación del sistema educativo público en todos sus niveles, como consecuencia de políticas de ajuste que no fueron realmente superadas, a pesar de las promesas de incrementar presupuestos y jerarquizar trabajadores, contrastan de manera flagrante con la política de subsidios. 10.000 millones de dólares anuales han venido siendo entregados en forma de subsidios o desgravaciones a las mayores corporaciones y empresas privatizadas que operan en nuestro medio, en su gran mayoría transnacionales extranjeras. Así por ejemplo, mientras una transferencia de acciones por más de mil millones de pesos no paga ni un centavo de impuestos, hasta el más pobre de los hogares de una villa, debe pagar el 21% de IVA sobre la ropa, el calzado, el pan, el agua y la leche. En otras palabras, al margen de eufemismos e hipocresías, es una realidad matemáticamente demostrable que en el sostenimiento del País, los pobres cargan con la mayor parte del esfuerzo y que la brecha distributiva se ha profundizado a niveles verdaderamente inhumanos e intolerables.

El terrorismo de Estado no fue un error histórico. Ha sido condición necesaria para viabilizar la estrategia de saqueo económico y cultural de nuestro pueblo. La ilegítima y fraudulenta deuda externa y la posterior estatización de la deuda privada, iniciaron esas estrategias, que continuaron con el retorno a las democracias restringidas en toda América Latina, en función de las políticas del Consenso de Washington durante las década del ochenta y noventa. El tratamiento de la deuda siguiendo las indicaciones del FMI y el Banco Mundial, los subsidios a la descentralización industrial y a las exportaciones, los contratos leoninos con el Estado, la exención del pago de tarifas de los grandes usuarios a las empresas públicas que fueron vaciadas, la privatización delictuosa del patrimonio nacional, el cobro de tarifas en dólares a mercados cautivos, la fuga de capitales facilitada por el crecimiento de la deuda, la imposición de un perfil impositivo favorable a los grupos económicos más concentrados, los sucesivos planes de ajuste y la eliminación de los derechos sociales, fueron solo algunas de las herramientas empleadas para consumar el despojo, imponiendo un modelo productivo que hipoteca el futuro, se lleva el agua y los suelos, y nos deja la contaminación y las sequías.

En el caso argentino, se ha operado la devastación progresiva y meticulosa de la legislación laboral más humanista del continente. Esto se verifica en el hecho elocuente de la flexibilización laboral ejercida por el propio Estado, el bajo nivel de operatividad en los sistemas de control del trabajo en negro y la paquidérmica lentitud con que tramita la justicia laboral. Es preciso tener en cuenta que del 3% de desocupación y 2,8% de subocupación de los años ´74-´75 se pasó al 21% y 20% de desocupación y subocupación respectivamente en el 2002, mientras que en la actualidad la población activa que desempeña actividades en negro o forma precaria ronda el 50%. La cobertura social que alcanzó a superar el 90% en 1974, hoy apenas llega al 20%, con servicios fuertemente deteriorados. Es de destacar que los efectos de la precarización y el deterioro laboral son de tal magnitud, que llegan a afectar incluso a los sectores medios e incluidos, en los cuales se ha debido hasta duplicar la cantidad de horas de trabajo conjunto familiar, para sostener un estándar de vida similar al de la década del ´70.

A la hora de considerar los catastróficos resultados del modelo neoliberal, no es posible soslayar la apropiación de los depósitos de pequeños y medianos ahorristas, urdido a través del “corralito” y salvataje bancario operado con la complicidad de la banca privada local. En medio de la peor crisis que registra nuestro país, al gracioso desprendimiento con que se absolvió de sus responsabilidades a las casas matrices de la banca extranjera, se agregó el gigantesco despojo de recursos públicos y sociales operado a través de una devaluación del 200%, cuyo peso debió ser soportado por el conjunto del pueblo.

Tal saqueo fue posible gracias a la consolidación de una estructura de corrupción donde participan los grupos económico-financieros, vertebrados con dirigencias políticas y sindicales que penetran el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial -gozando de impunidad ante los delitos económicos- y estableciendo alianzas capilares en las bases de la sociedad. La degradación de la policía y las fuerzas de seguridad, así como el clientelismo político, la introducción del narcotráfico y la corrupción de gobernadores e intendentes, en especial en el conurbano bonaerense, no fueron efectos colaterales indeseados sino factores imprescindibles para el fortalecimiento de la cúspide. Las redes que unen estos diferentes niveles garantizan los pactos de silencio y la complicidad entre sus componentes, revelada en los escasos juicios por corrupción que se impulsaran desde el gobierno central.

El control de los medios masivos de comunicación -con sus mensajes y formadores de opinión acerca de las ventajas de las privatizaciones o de la inversión extranjera- fue otra clave del fortalecimiento de esa estructura de corrupción que aún persiste con caracteres diferentes. A su vez, el debilitamiento de las instituciones de control estatal actuaría como un aspecto clave adicional de esta dinámica, recientemente evidenciada en la “distracción” de los funcionarios responsables del control de exportaciones de grano. Los casos más sonados como Skanska y la dudosa transparencia entrega de subsidios por una cifra que ronda los 10.000 millones de dólares a las concesionarias ferroviarias, empresas de servicios públicos y operadores de autopistas, constituyen algunos ejemplos a los que se debería sumar la aprobación de los balances de Aerolíneas Argentinas durante los últimos cinco años y el reciente intento de “renacionalización”, saneamiento y reprivatización de la empresa en complicidad con el grupo Marsans, impedido por el Congreso de la Nación.

A pesar de esa larga noche que debimos atravesar, la reserva de principios éticos, valores solidarios y profundos sentimientos originarios de nuestra Nación, no fue agotada. Replegados en defensa propia o aparentemente sometidos por el discurso único de la hegemonía neoliberal nuestro pueblo sigue de pie. Las dificultades para encauzarnos en una alternativa política transformadora, no debería ser confundida con resignación. Las aspiraciones y demandas de este pueblo, que llenó las calles durante los acontecimientos de diciembre del 2001 y los meses siguientes significan que la cultura de la derrota no lo ha impregnado todo y para siempre. Tenemos razones para creer que el abnegado ejemplo de Moreno, San Martín y Belgrano, por nombrar solo algunos de nuestros numerosos próceres conocidos y anónimos, está grabado en la información genética de nuestra sociedad. Tenemos razones para creer que aquella Argentina que pudo, nuevamente podrá.



Propuestas para un cambio en paz y democracia

En una sociedad con las experiencias y antecedentes de la nuestra, la tarea pasa tanto por recuperar valores, ideas y sentimientos olvidados, como por su apropiada re-significación, porque nuevos e inéditos son muchos de los desafíos del presente. Es por ello que ponemos énfasis más en la necesidad de hacer experiencia de nuestra propia falibilidad, que dogma de la última “verdad” ajena. A nuestro entender el desafío ante la crisis consiste en asumir el derecho y la responsabilidad de pensar con libertad, pluralidad e independencia; identificar desaciertos para proponer alternativas y valorar y viabilizar la integración por encima de las diferencias, en nuestro carácter indelegable de ciudadanos protagonistas del futuro que nos debemos.

La construcción de un imaginario común, requiere del debate, la confrontación, la apertura, la inclusión de todas y todos y la opción por aquellos que siempre quedan fuera de los discursos y de las acciones. Supone la tarea de integrar ideas en un todo coherente regido por un eje central que definimos como Proyecto de Nación, al servicio del pueblo y de un futuro sustentable, hermanado con los demás pueblos de Nuestra América, como paso indispensable de una integración fraterna y global. En esa dirección pretenden apuntar las propuestas e ideas que siguen.


1.- Reconstrucción de la potestad soberana del Estado a partir de sus tres pilares esenciales: la capacidad de definir los ejes principales de la política económica nacional e internacional; reconstrucción de un Poder Judicial honesto, eficiente y capaz de hacer cumplir las leyes establecidas por la voluntad soberana del pueblo, condenando las trasgresión en todas las esferas de la vida de la republica; y fuerzas armadas y de seguridad honradas, transparentes, al servicio de la sociedad y respetuosas de las instituciones. Esta reconstrucción otorgaría al Estado un papel central en la recuperación de los recursos estratégicos, la administración de las empresas de servicios públicos y emprendimientos estratégicos, además de optimizar el trazado e implementación de políticas sociales que garanticen el bienestar del conjunto de la población. Solo el reemplazo de la retórica por una auténtica ética de la acción, sería capaz de proporcionar a los poderes públicos autoridad moral para exigir el ejercicio de una ciudadanía responsable. El sometimiento a la ley debe comenzar por la dirigencia, para ser digna de la confianza de la comunidad.


2.- Recuperación de los recursos estratégicos. A los valores internacionales actuales, el petróleo y el gas producen una renta anual cercana a los 40.000 millones de dólares, que en una alta proporción, queda en manos de empresas extranjeras o “argentinizadas” de dudosa argentinidad. Es preciso crear un nuevo tipo de empresas públicas con autonomía y garantías de transparencia en su administración para las diferentes áreas de actividad, de modo tal que la participación en las decisiones de la comunidad adecuadamente organizada -trabajadores, usuarios, universidades - impida su degradación por el sometimiento a los vaivenes de los cambios de gobierno y procesos de corrupción.


3.- Recuperación de las industrias y empresas públicas estratégicas, como base para la reconstrucción de la infraestructura económica del país: siderurgia, ferrocarriles, transporte público, aerolíneas, flota marítima y fluvial con las correspondientes industrias naval y aeronáutica, producción de energía y demás áreas complementarias indispensables para un proyecto soberano, en armonía con el ser humano y el respeto del ambiente.


4.- Recuperación y control de la gran minería con el fin de revertir las graves consecuencias de contaminación del agua y la tierra, debido a la utilización de cianuro y otros venenos en las explotaciones a cielo abierto. El control estatal de este recurso generaría una renta anual de suma importancia ya que las corporaciones mineras están exentas de todo impuesto, pudiendo extraer y exportar junto al oro, plata, cobre, más de sesenta metales y productos adicionales, a mera declaración jurada y cero obligación de regresar al país el importe de sus ventas en el exterior, además de recibir del sector público un subsidio por sus exportaciones que gira entre el 2% y el 7% según las regiones. Siendo Argentina la 6° potencia minera del planeta, no cuesta advertir que es este el hurto legal más bochornoso de nuestro tiempo. Un verdadero Potosí del siglo XXI, agravado por la contaminación ambiental.


5.- Revertir del proceso de extranjerización de nuestra economía. Se hace necesario investigar, sancionar y revertir este bochornoso proceso, tanto en relación a la industria, el campo y el sector financiero y bancario. Durante lo que va de la gestión Kirchner, 2003 a la fecha, 468 grandes empresas nacionales pasaron a manos de capitales externos, en tanto que una cifra cercana a los treinta millones de hectáreas se encuentran en manos de propietarios extranjeros, como parte de un proceso acelerado de concentración de la tierra en detrimento de las comunidades campesinas, de los pueblos originarios y de las reservas de tierras fiscales de la nación.


6.- Revisión de la actual situación de la deuda externa y evaluación de las medidas pertinentes para establecer su legitimidad, tomando en consideración su origen fraudulento según el dictamen del juez Ballestero a partir de la histórica denuncia de Alejandro Olmos. Solventar un endeudamiento fraudulento, equivale a deshonrar a la Nación y nuestro pueblo. Hacerlo en un momento como este, equivale a aceptar las consecuencias catastróficas de asociarnos al gran capital en el intento de exportación de las consecuencias de la crisis y en contra de nuestro pueblo. La crisis impone la necesidad de suspender en forma inmediata los servicios de la deuda externa hasta su completa investigación y esclarecimiento en juicio, fiscalizada por un conjunto de ciudadanas y ciudadanos intachables y trasparentada al conjunto social.


7.- Resolver la emergencia alimentaria y social para atender con celeridad y sin excusas los problemas de hambre, desnutrición, indigencia, pobreza y salud. Las políticas nutricionales vigentes han terminado enfocadas en acciones predominantemente asistenciales, cuando no clientelares. Si el hambre es un crimen, resolver el acceso a los alimentos para toda la población debe ser la prioridad número uno. Instrumentar políticas de corto y mediano plazo orientadas a la reinserción educativa y la formación laboral, a fin de garantizar posibilidades de estudio y trabajo que les permitan alcanzar los merecidos niveles de bienestar. Valorar, en el contexto de la crisis, las distintas experiencias de respuestas a través de la cooperación, la solidaridad y la acción colectiva –de organizaciones de desocupados, cooperativas de cartoneros, empresas recuperadas, comedores populares, entre otras- que demostraron las grandes reservas de talento, de creatividad y grandeza existentes entre nuestros compatriotas más humildes. Tomando como base estas experiencias, impulsar la creación de un área de empresas sociales de calidad, en las cuales se combinen los saberes sociales y culturales con el apoyo técnico de universidades regionales y un financiamiento público, pueden revertir en poco tiempo los problemas de desocupación y pobreza en las distintas regiones del país.


8.- Pueblos originarios. Puesta en marcha de un programa de reparación histórica, económica y cultural de los pueblos originarios. Este programa debe adicionar a las consideraciones comunes dirigidas a otros sectores sociales en riesgo, la inmediata devolución de sus tierras y un conjunto de medidas específicas tendientes a brindar condiciones para favorecer el propio estilo de vida en un marco de respeto y complementación mutua.

9.- Derechos humanos, educación y salud. Valorar en materia de derechos humanos todo lo relativo al esclarecimiento y juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad cometidos en las dictaduras militares que asolaron el continente Latinoamericano y en especial a nuestro país. Poner énfasis en la necesidad de avanzar decidida y urgentemente hacia una concepción integral en materia de derechos humanos, que incluya los derechos sociales, económicos, políticos y culturales, condenando la marginación, el sometimiento y la discriminación de pueblos, sectores o individuos por su condición social, diferencias, creencias, etc. Remarcar la responsabilidad ineludible del estado en orden a asegurar para todos, el derecho a la alimentación, la educación, la salud, el trabajo, la vivienda y la seguridad social. En materia educativa y sanitaria proponemos impulsar una fuerte inyección de recursos destinados a recuperar la infraestructura, así como los insumos necesarios, jerarquizando a los trabajadores en estas áreas, para hacer posible el cumplimiento efectivo de estos servicios. La definición ética que guíe estas acciones debe considerar que la educación y la salud son derechos inalienables y no mercancías o áreas comerciales. Deben contemplarse además planes de vivienda y hábitat con provisión de cloacas, luz, agua corriente y gas natural, revalorizando el rol de las universidades nacionales, la Universidad Tecnológica y centros especializados de estudios en las diferentes provincias.

10.- Democratización de las comunicaciones y la información, tomando en consideración los aportes realizados por periodistas, comunicadores sociales y otros profesionales, que se resumen en la Propuesta de 21 puntos. Participación efectiva y difusión de Telesur, primer canal de comunicaciones latinoamericano cuyos programas y noticieros contrastan con las transmisiones que en la actualidad recibimos por los canales abiertos y cables privados. Política es comunicación y la política a la que adscribimos es comunicación de la comunidad y no comunicación del mensaje de los grandes grupos económicos a la comunidad.


11.- Políticas científicas y tecnológicas orientadas a promover un conocimiento autónomo de avanzada, que permita tomar las decisiones más aptas en función de los objetivos del proyecto nacional consensuado por las mayorías, como respuesta a los desafíos planteados por la actual Revolución Científico-Técnica. Priorizar nuestra integración continental autónoma, de modo tal de contar con la masa crítica de recursos humanos y materiales necesarios para garantizar un real protagonismo y colocarnos en capacidad de erradicar nuestra actual dependencia. Si bien ninguno de los países de Latinoamérica aisladamente considerados cuenta con esa masa crítica, los recursos combinados de las universidades y los sistemas de ciencia y técnica de México, Venezuela, Argentina, Brasil sumado los otros países de la región, podría proporcionarnos un potencial superior al de IBM u otras grandes corporaciones en las diferentes ramas del actual conocimiento de punta. En contraste con los valores que rigen estas actividades en Estados Unidos y otras potencias, el desarrollo científico-técnico argentino y latinoamericano debería estar guiado por una ética que rechace taxativamente la contaminación y destrucción del ambiente y garantice el respeto a la vida y los derechos humanos.


12.- Diseño y promoción de un nuevo modelo productivo a través de políticas de fomento, educativas y de incentivo, que ubique a la naturaleza, y al ser humano como parte de ella, en el centro de la escena. La comunidad debe ser la principal destinataria de sus logros y el Estado quien vela por ese objetivo. En el esquema actual, el Estado lejos de cumplir con su rol, se ha inclinado a flexibilizar la legislación laboral y de protección para asegurar la rentabilidad económica de las empresas. Otro requisito ineludible de un nuevo modelo productivo debe ser el cuidado y protección del ambiente, asumiendo de manera estricta la necesidad de evitar toda forma de degradación. El nuevo milenio trae consigo la responsabilidad inexcusable de tener que reconocer que no todo lo que creímos progreso fue progreso. La opción de hierro resulta evidente: el ser humano pone fin a la fase depredatoria de su desarrollo o esta pone fin a su posibilidad de vida. El futuro no debe ni puede ser pensado en la línea de más y más producción y consumo de energía, extracción de materias primas, generación de calor, estimulo de la sociedad de mercado y producción de bienes materiales para abastecerla. A la idea de riqueza por acumulación de bienes materiales, debemos comenzar a anteponer la idea de riqueza por disposición de tiempo, apropiación de bienes espirituales y valoración de la inteligencia emocional en la línea en que aconsejan los pueblos originarios de estas tierras. Como ejemplo de la irracionalidad en que vivimos, basta con decir que mientras se calculaba en 95.000 horas la vida laboral de un trabajador industrial en 1935 y 40.000 horas a principio de la década del ´70, la cifra ha llegado en el siglo XXI, para los que tienen suerte de tener trabajo, a las 100.000 horas.


13.- Diseño de un plan de industrialización capaz de reorientar la actual dirección económica, que nos está transformando en meros exportadores de materias primas. El desarrollo industrial debe contemplar tres áreas principales: un área de empresas sociales de calidad; un área de empresas públicas nacionales y una propuesta de creación de empresas públicas latinoamericanas, siguiendo algunos lineamientos de la experiencia europea entre otras, flota fluvial latinoamericana y líneas aéreas latinoamericanas con construcción de buques y aviones en el continente; sistema satelital y teleinformático latinoamericano sustentado en producción propia en este campo; empresas latinoamericanas en biotecnología ética y sustentable; empresas públicas latinoamericanas en nuevos materiales. Esta propuesta se vincula con el desarrollo científico-técnico a nivel continental, impulsado por las posibilidades de aplicación de los conocimientos y la investigación. Cabe mencionar que solamente las empresas públicas y sociales estarían en condiciones de incorporar tecnologías que ahorran tiempo de trabajo humano reduciendo la jornada laboral y no desplazando trabajadores. Definir el rol del capital privado nacional o extranjero, asumiendo que su identificación con las políticas de entrega no se corresponde con un mal endógeno de aquellos, sino con la venalidad y falta de celo en la defensa de los intereses de la nación.


14.- Soberanía alimentaria. La ubicación geográfica de Argentina en el planeta, es por si sola significante en este comienzo del siglo de un rol, responsabilidad y potencialidad en dirección al desarrollo de otra idea de progreso, ligado a la calidad y no a la cantidad, a la diversidad y no a una masiva producción clonada. En éste, como en muchos otros rubros, nuestra nación tiene mucho que ofrecer a sus habitantes, a la región y al resto del mundo, pero para ello se debe tomar urgente distancia del modelo planteado por las agroexportadoras, caracterizado por el empleo de herbicidas, semilla transgénica y la necesidad de concentrar enormes extensiones de suelo expulsando a los pequeños chacareros y constituyendo lo que se ha dado en llamar “desierto verde” o “agricultura sin agricultores”. Se hace indispensable una gran política activa de tierras que debe comenzar deteniendo el proceso expulsivo, el envenenamiento de suelos, los monocultivos. Continuar protegiendo a los verdaderos productores locales, estimulando y premiando la radicación y la ocupación del suelo por parte de quienes lo trabajan e impulsar una auténtica reparación histórica de las comunidades originarias. En orden a la resolución de diversos problemas sociales de la ciudad y el campo, resulta estratégico que la ruralidad deje de ser un castigo y pase a constituir una ventaja. La seguridad social y su contracara la inseguridad, así como también la calidad de vida y el desarrollo de los valores espirituales de la comunidad, se encuentran ligados a una adecuada resolución de este tema. Al degradado concepto de “federalismo” utilizado para trasladar a las provincias el manejo de los recursos naturales, creando las bases de un proceso de balcanización, se debe anteponer el concepto de nación federal, ubicado en el extremo opuesto.


15.- Desarrollo de una política de transporte adecuada a las necesidades y características de nuestro entramado social actual y vinculado a una estrategia federal de ocupación y distribución poblacional. El sistema de transporte argentino fue modificado para atender las necesidades de las grandes productoras automotrices internacionales y no nuestras necesidades. Así por ejemplo se desarticuló en los años sesenta el sistema de tranvías y transporte público eléctrico – trolebuses – por considerarlos obsoletos. Algo similar pero de mayor gravedad es lo acontecido en materia ferroviaria. De alrededor de 40.000 kilómetros de vías que articulaban el territorio argentino hace 50 años, en la actualidad queda menos de la quinta parte. Tanto el transporte de cargas como el de pasajeros, se ha trasladado de las vías y los sistemas menos contaminantes y más económicos a las rutas y al consumo de petróleo. Entre otras derivaciones nefastas del sistema de transporte actual, hay que consignar el colapso del sistema carretero, ha ocasionado en el año 2007, más de 8000 muertos y 12.000 lisiados. Frente a este cuadro la propuesta del “Tren bala” resulta carente de racionalidad, por su alto costo de instalación, función, costo operativo y dependencia tecnológica, además de generar una deuda publica por 30 años.


16.- Integración continental. La política internacional debe vertebrarse cada vez más con espacios de decisión conjunta, que permitan a América Latina actuar como un bloque coherente y no sólo oponer racionalidad al embate de Estados Unidos y a la intención de recomponer su primacía en estos territorios, sino también actuar de común acuerdo en el contexto de la actual crisis sistémica mundial, de modo de participar, con autonomía y defendiendo los intereses de nuestra región, en la redefinición que se avecina de las reglas de juego del sistema internacional. Aconsejados por la dolorosa historia que Nuestra América ha debido soportar, planteamos la necesidad de otorgar máximo estatus doctrinario en orden a una estrategia de defensa integra, al principio de no reconocimiento de los compromisos internacionales contraídos por ninguna de nuestras naciones al margen de la vigencia plena del sistema democrático, el estado de derecho y la libre determinación de nuestros pueblos. Desde esta misma perspectiva, afirmamos que no resulta coherente aceptar sumisamente los planes de militarización con bases de apoyo norteamericanas como el Plan Puebla-Panamá y el más reciente de Mérida; el Plan Colombia; la base de Manta y la nueva base a crearse en Perú; las bases paraguayas adaptadas para un desembarco de miles de efectivos en pocas horas; y la presencia de la IV Flota en el Atlántico Sur. Asimismo, deben ser entendidos en forma explicita y automática como un agravio al conjunto, toda operación de desestabilización institucional, económica o social, los intentos encubiertos o explícitos de desmembramiento territorial, enajenación de bienes naturales y toda intromisión en los asuntos internos de nuestros países.



Hacia una sociedad de protagonistas.

Casi nada de lo expresado en estas páginas puede ser obtenido sin una comunidad organizada, conciente de sus derechos y responsable en sus deberes. Es comprensible que la sociedad no se sienta dignamente representada. Sin embargo, no hay razones para suponer que la dirigencia sea excepcionalmente distinta a la media social. Debemos asumir que el neoliberalismo no es solo un conjunto de pautas económicas, sino una concepción de vida que ha impactado profundamente a la sociedad argentina y de la cual no parecería serio declararse indemne.


En este caminar de compromiso con nuestro pueblo, en particular con los más pobres y excluidos, tenemos como desafío tratar de protagonizar con los trabajadores, campesinos, jóvenes, pueblos originarios, organizaciones y movimientos sociales, territoriales y ambientales, que luchan por los diversos derechos sociales, todas las acciones y movilizaciones que en forma autónoma, democrática y plural se impulsen para derrotar los modelos de entrega y saqueo y construir una sociedad justa y humana para todos.


Es por ello que, desde la perspectiva de este documento y el conjunto de ciudadanas y ciudadanos firmantes se entiende urgente e indispensable un trabajo en tres planos:


· Ampliar la información y el debate en la sociedad civil y sus organizaciones populares sobre las catastróficas y efectivas consecuencias que traería aparejado que nuestro país se allanase a asumir parte de la crisis financiera internacional.

· Instalar en agenda pública las necesidades de nuestro pueblo e imponer el desarrollo de un proyecto histórico popular de transformaciones.

· Exigir una decidida evolución en materia de calidad institucional y demandar la democratización de la democracia para evitar que la voluntad soberana del pueblo, continúe siendo menoscabada.


No es posible aceptar que el dinero del pueblo, los cargos públicos, las necesidades de nuestros hermanos, los derechos humanos y en general las cuestiones de principio y los valores, sean implementados con fines subalternos. La corrupción económica, las campañas millonarias y las erogaciones destinadas a comprar “imagen”, como el anuncio del pago al Club de Paris, constituyen una gravísima irresponsabilidad. Las “adecuaciones” de las normas y disposiciones electorales realizadas a “medida”, las manipulaciones del calendario electoral, los desdoblamientos innecesarios de cronogramas, las leyes electorales de “coyuntura”, las leyes de lema, la utilización de elecciones generales para dirimir internas partidarias, las reelecciones indefinidas y las listas “colectoras”, entre muchas otras “astucias” y métodos utilizados por los profesionales de la política, puede que hayan permitido ganar elecciones, pero también es cierto que erosionaron gravemente la credibilidad de las instituciones y la escala de valores que debe regir la vida democrática de una nación. Las normas proscriptivas, la manipulación de la justicia electoral y su correlato a nivel sindical, terminan por cerrar un cuadro de ejercicio del poder de carácter corporativo, autoritario, antidemocrático y riesgoso que debe ser modificado con urgencia.


Desde este humilde espacio social, anunciamos nuestra decisión frente a la crisis de trabajar en un sentido político no electoral, dispuesto a aportar en la reconstrucción de una auténtica democracia capaz de poner el acento en la valoración de la voluntad soberana del pueblo, como único camino posible para construir en paz y con justicia social el futuro que nos debemos.


24 – 10 – 2008

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